El parque Jardín Federico Escobedo, uno de los espacios públicos de Puebla, volvió a ser escenario de un incendio intencional en contenedores de basura, un problema que no es nuevo y que ha ido en aumento en la capital poblana. Este miércoles 24 de junio de 2026, vecinos reportaron la quema y destrucción de mobiliario urbano, sumando otro capítulo a una larga lista de incidentes similares que afectan la ciudad desde hace años.
Desde 2024, el Organismo Operador del Servicio de Limpia ya advertía que al menos 33 papeleras del Centro Histórico habían sido reemplazadas por daños causados por vandalismo, incluyendo incendios. La situación no mejoró en 2025 ni en lo que va de 2026, con contenedores pintarrajeados, rotos y quemados en diversas calles, a pesar de las labores constantes de mantenimiento.
A principios de este año, la cifra de contenedores incendiados ascendió a 40, principalmente en unidades habitacionales. Omar Rodríguez, titular del organismo, explicó que muchos de estos actos ocurren durante la noche y dejan las estructuras inservibles, obligando a destinar recursos públicos para su reparación o sustitución.
Las autoridades manejan varias hipótesis sobre los responsables: desde personas en situación de calle que usan la basura para fogatas en temporadas frías, hasta incendios provocados deliberadamente. La repetición del patrón —contenedores incendiados, papeleras destruidas y daños al equipamiento urbano— ha llevado a ciudadanos a especular sobre la posible existencia de un “pirómano” que opera en distintos puntos de Puebla.
Más allá del riesgo evidente de propagación del fuego, estos actos representan un gasto extra para el Ayuntamiento y un impacto ambiental negativo por la quema de plásticos y residuos, que genera emisiones contaminantes y pone en riesgo a trabajadores y vecinos.
Aunque no hay una investigación pública que confirme que todos los incidentes estén relacionados, la persistencia de estos ataques al mobiliario urbano mantiene la preocupación abierta. En un momento en que Puebla apuesta por sistemas de transporte modernos como el cablebús o teleférico, que buscan mejorar la movilidad y el orden urbano, resulta aún más urgente proteger el patrimonio público y garantizar espacios seguros para todos.
Porque, al final, cuidar lo que es de todos es también cuidar la ciudad que queremos.
