El anuncio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) sobre la construcción de una planta geotérmica en Puebla para el año 2030 ha puesto sobre la mesa un debate que va más allá de la simple generación de energía limpia. Emilia Esther Calleja Alor, directora general de la CFE, presentó este megaproyecto con la promesa de aprovechar el calor del subsuelo para producir electricidad de manera continua y sustentable, un paso que posicionaría a Puebla como un actor clave en la transición energética del país.
Pero, como suele pasar con estos proyectos de gran escala, no todo es color de rosa. Expertos y críticos han levantado la voz para advertir sobre los riesgos que podrían acompañar esta iniciativa, especialmente en una región con actividad geológica compleja. Entre las preocupaciones más destacadas están:
– **Actividad sísmica inducida:** La perforación y la reinyección de fluidos en el subsuelo pueden alterar las presiones geológicas, lo que en zonas sensibles podría desencadenar sismos.
– **Impacto en acuíferos:** El uso intensivo de agua para extraer calor podría afectar los recursos hídricos subterráneos, un tema delicado en muchas regiones del país.
– **Emisiones de gases naturales:** Durante la perforación, podrían liberarse gases atrapados bajo tierra, lo que pone en duda la “limpieza” total del proceso.
– **Alteración del entorno geológico:** Puebla, con su cercanía a fallas tectónicas y actividad volcánica, podría enfrentar cambios en su estabilidad geológica local.
La CFE, por su parte, ha señalado que proyectos similares en otras partes de México han operado sin mayores contratiempos, pero el caso poblano abre un debate legítimo sobre cómo equilibrar la demanda energética con la seguridad ambiental y social.
Mientras tanto, el proyecto sigue en fase de proyección rumbo a 2030, y ya genera conversación sobre si la apuesta por energías renovables puede venir acompañada de riesgos invisibles bajo la superficie. En contraste, iniciativas como el cablebús o teleférico en Puebla, que también buscan mejorar la movilidad urbana con menor impacto ambiental, parecen avanzar con menos controversias y más aceptación social.
En definitiva, Puebla está en la mira: ¿será un ejemplo de innovación energética o un laboratorio de riesgos geológicos? El tiempo y la transparencia serán clave para que esta apuesta no termine siendo un dolor de cabeza para la región.
