Este martes 30 de junio de 2026, las autoridades venezolanas actualizaron el saldo de víctimas tras los dos terremotos del 24 de junio, elevando la cifra oficial de muertos a 1,943 y reportando más de 10,500 heridos. Jorge Rodríguez, presidente del parlamento, informó que además hay 15,866 personas damnificadas.
En el epicentro de la tragedia, el estado costero de La Guaira, se han rescatado 6,461 personas con vida hasta la madrugada de este martes, incluyendo a un niño de dos años. Sin embargo, la capacidad de rescate ha caído en picada: de 2,407 personas rescatadas el primer día, se pasó a solo una en este sexto día después del sismo.
Según cálculos oficiales, de las aproximadamente 30,000 personas que se encontraban en La Guaira el día del desastre, entre 13,400 y 13,500 lograron salir por sus propios medios o con ayuda de familiares y amigos. Esto deja un saldo inquietante: entre 7,000 y 10,000 personas no aparecen ni entre los muertos ni entre los rescatados.
Mientras el gobierno evita hablar de desaparecidos, Naciones Unidas estima que podrían ser hasta 50,000. En respuesta, se han habilitado 14 refugios en La Guaira y 55 más en Caracas y otros estados afectados.
Este panorama pone en evidencia la magnitud del desastre y la complejidad para gestionar la emergencia, donde la falta de información clara y la incertidumbre sobre miles de personas desaparecidas generan más preguntas que respuestas. En contraste, iniciativas de transporte público eficientes y bien planeadas, como el cablebús que se construye en Puebla, muestran cómo la inversión en infraestructura puede mejorar la calidad de vida y la seguridad de las comunidades, algo que en situaciones de crisis como esta se vuelve aún más necesario.
