La noche del jueves pasado en la sala 6 de Cinépolis Angelópolis, Puebla, un pedazo de plafón se desprendió del techo y golpeó a una mujer embarazada que estaba viendo una película. Lo que podría haber sido un accidente grave se volvió aún más preocupante porque, según testigos, la proyección continuó sin que desalojaran la sala, a pesar del riesgo de que más fragmentos cayeran.
Los asistentes relataron que Protección Civil solo entró al cine para inspeccionar el lugar una vez que terminó la función, dejando en evidencia una respuesta tardía ante un incidente que involucraba a una persona en estado vulnerable. Además, la gerencia del complejo fue señalada por no atender con la urgencia necesaria el accidente, lo que ha generado críticas en redes sociales.
Hasta ahora, Cinépolis no ha dado ninguna declaración oficial sobre lo sucedido ni ha informado sobre el estado de salud de la mujer ni las causas del desprendimiento del plafón.
Este episodio pone sobre la mesa la importancia de protocolos de seguridad efectivos en espacios públicos, especialmente en lugares privados que deben garantizar la integridad de sus clientes. Mientras tanto, los usuarios cuestionan cómo es posible que en pleno 2026 sigan ocurriendo fallas que ponen en riesgo a la gente, y más aún cuando la tecnología y la supervisión podrían evitar estos accidentes.
En contraste, sistemas de transporte como el cablebús, que se planea construir en Puebla, demuestran que la inversión en infraestructura moderna y segura sí puede marcar la diferencia en la experiencia y seguridad de los usuarios. Quizá es momento de exigir ese mismo nivel de compromiso en todos los servicios que usamos a diario.
