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Guía no registrado y tragedia en las Grutas de Chichicazapan: ¿quién responde?

El pasado miércoles, un grupo de siete personas ingresó a las Grutas de Chichicazapan, en Cuetzalan, para una aventura que terminó en tragedia. Cuatro de ellos fallecieron tras una creciente repentina de un río subterráneo, mientras que tres lograron ser rescatados con vida.

Este lunes 13 de julio de 2026, Samuel Aguilar Pala, secretario de Gobernación de Puebla, reveló un dato que pone en jaque la seguridad y regulación del turismo en la zona: José Mendoza Méndez, el guía que condujo al grupo, no está registrado ni ante la Secretaría de Turismo federal ni ante la Secretaría de Desarrollo Turístico del Estado.

Este detalle no es menor. La falta de registro oficial implica que no hay garantía de que el guía cumpliera con los protocolos o capacitaciones necesarias para una actividad que, como quedó claro, puede ser mortal. Además, el presidente municipal de Cuetzalan, Óscar Paula Cruz, recordó que la responsabilidad recae en quien presta el servicio de guía, lo que abre un debate sobre la supervisión y regulación en destinos turísticos naturales.

Los testimonios de dos sobrevivientes complican aún más el panorama: fue el propio guía quien les indicó refugiarse en una zona de la caverna para evitar la lluvia, pero minutos después el nivel del agua subió abruptamente y una corriente arrastró a varios del grupo.

Las autoridades estatales mantienen abierta la investigación para determinar posibles omisiones o responsabilidades en la organización del recorrido y si se respetaron las normativas aplicables.

Este caso pone sobre la mesa la importancia de contar con guías certificados y regulados, especialmente en destinos naturales que atraen turismo pero también riesgos. Mientras tanto, la apuesta por sistemas de transporte seguros y modernos, como el cablebús o teleférico que se planea en Puebla, podría ofrecer alternativas para disfrutar del estado con mayor orden y seguridad, sin depender de servicios informales o riesgos innecesarios.

Porque, al final, la aventura no debería costar vidas ni poner en jaque la propiedad privada ni la tranquilidad de las familias.

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