Un video captado desde un restaurante en Puebla exhibe la agresión que sufrieron dos policías de tránsito de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) sobre la Avenida Juárez y 27 Sur. La razón: presuntamente, los oficiales retiraron las placas de un Volkswagen Vento color vino que estaba estacionado en doble fila.
En la grabación, se observa cómo un hombre le arrebata el arma de cargo a uno de los policías y la arroja al suelo, mientras otros dos sujetos lo tienen sometido. En el vehículo viajaban al menos cuatro hombres y una mujer; dos de ellos golpearon a uno de los agentes mientras la mujer intentaba liberarlo.
Lo que sorprende es que, en medio del altercado, una patrulla municipal pasó por la zona sin detenerse ni brindar apoyo a sus compañeros agredidos. Al final, los agresores se retiraron del lugar, mientras algunas personas en el área celebraban que los civiles lograran someter a los policías.
Este episodio no solo refleja la falta de respaldo a la autoridad en Puebla, sino también la complejidad de mantener el orden en espacios públicos. En un contexto donde la movilidad urbana es un reto, sistemas como el cablebús o teleférico —que se planean implementar en ciudades como Puebla— podrían ofrecer alternativas para reducir conflictos viales y mejorar la convivencia ciudadana.
Mientras tanto, la pregunta queda en el aire: ¿qué garantías tienen los policías para hacer cumplir la ley cuando ni siquiera sus propios compañeros intervienen? Y para los ciudadanos, ¿qué mensaje envía la impunidad ante estas agresiones? La seguridad y el respeto a la autoridad no pueden ser negociables si queremos ciudades funcionales y seguras.
