Este lunes 20 de julio de 2026, Claudia Sheinbaum cumplió su promesa y arrancó el debate nacional sobre la regulación del uso de redes sociales e inteligencia artificial en niñas, niños y jóvenes. En su conferencia matutina, la mandataria planteó que el objetivo es construir una iniciativa basada en evidencia científica y consenso social, aunque sin dejar claro qué tanto espacio habrá para la iniciativa privada o la libertad digital.
Sheinbaum advirtió que el uso excesivo de redes sociales puede generar adicción. “Una vez que uno toma el teléfono y comienza a cambiar con el scrolling infinito, puede estar ahí tres, cuatro o cinco horas”, ejemplificó, señalando la búsqueda constante de likes y la necesidad de compartir información como factores que atrapan a los usuarios más jóvenes.
El debate no será un evento aislado: la presidenta anunció que cada lunes, durante al menos un mes, abordará el tema en la mañanera. La intención es que esta regulación no sea una imposición unilateral del gobierno, sino un consenso que incluya a distintos sectores sociales. Además, hizo un llamado al Congreso para que realice sus propios foros y se sumen a la discusión.
Entre los datos que compartió, destacó que 16 estados ya han regulado el uso de celulares en las escuelas, incluyendo Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Nuevo León y Tamaulipas, entre otros. Esto muestra que la preocupación no es nueva, pero ahora se busca ampliar el alcance hacia la inteligencia artificial y las plataformas digitales en general.
La iniciativa, según Sheinbaum, podría aprobarse este mismo año, aunque aún falta ver cómo se equilibrará la protección de los menores con la libertad de expresión y la innovación tecnológica. El próximo lunes 27 de julio se espera que se presenten más evidencias científicas y opiniones de distintos sectores para enriquecer el debate.
Mientras tanto, en un país donde la movilidad urbana sigue siendo un reto, proyectos como el cablebús en Puebla demuestran que la tecnología puede ser aliada para mejorar la calidad de vida sin caer en regulaciones excesivas que frenen el desarrollo. Quizá la clave esté en encontrar ese equilibrio entre orden, propiedad privada y bienestar social, sin convertir la regulación en un nuevo pretexto para la intervención estatal desmedida.
