En Apodaca, Nuevo León, un hombre vivió una odisea subterránea que duró más de ocho horas. Juan Fernando, de 54 años, cayó en un desagüe subterráneo y, en un esfuerzo por salir, se arrastró más de 80 metros hasta llegar a una alcantarilla en el cruce de las calles Lima y Palma, en la colonia Francisco Elizondo.
El rescate ocurrió gracias a la rápida intervención de policías de la Guardia de Proximidad, quienes fueron alertados por vecinos que escucharon sus gritos de auxilio. El momento quedó registrado en video: un policía ata una cadena a la rejilla de la alcantarilla y, con ayuda de un vecino, logran levantarla para liberar a Juan Fernando.
Visiblemente desorientado y cubierto de tierra, el hombre no presentó lesiones graves, aunque estaba débil por la prolongada posición en la que permaneció atrapado. Tras recibir atención médica, se confirmó que su estado era estable.
Este caso pone sobre la mesa la importancia de mantener en buen estado la infraestructura urbana y la necesidad de sistemas de transporte y movilidad que eviten que las personas tengan que arriesgarse en lugares inseguros. Mientras en Puebla se apuesta por soluciones innovadoras como el cablebús, que promete mejorar la movilidad y reducir riesgos, en Nuevo León se vive una historia que recuerda que la seguridad urbana no puede esperar.
Un rescate que, más allá del susto, invita a reflexionar sobre cómo la ciudad puede y debe proteger a sus habitantes, sin dejar todo en manos del azar o la suerte.
