Después de casi 11 años de incertidumbre, José María Sosa Álvarez fue sentenciado este viernes 17 de julio de 2026 a 56 años de prisión por la desaparición de Paulina Camargo Limón, ocurrida en agosto de 2015. La resolución del Tribunal de Enjuiciamiento marca un avance en la búsqueda de justicia para Paulina y su bebé, quien tenía cuatro meses y medio de gestación cuando desapareció.
La madre de Paulina, Rocío Limón, expresó que aunque la sentencia es un logro importante para su familia, el dolor persiste porque Paulina y su hijo siguen sin ser encontrados. “Se logró hacer justicia para ella y para el bebecito, pero esto sigue siendo muy doloroso. Hoy puedo decir que valió la pena la lucha”, afirmó tras la audiencia, agradeciendo el apoyo de colectivos y amigos que han acompañado la causa, muchas veces desde la sombra.
La joven desapareció el 25 de agosto de 2015, luego de acudir a una consulta médica cerca de Plaza Solé, en la colonia San Manuel, acompañada por José María N., padre del bebé que esperaba. Desde entonces, Paulina no regresó a casa y su familia denunció su desaparición. José María N., conocido como Chema, fue detenido y encarcelado en el penal de San Miguel como principal sospechoso.
Curiosamente, Chema fue inicialmente sentenciado a 16 años por homicidio y aborto, pese a que el cuerpo de Paulina nunca apareció. Sin embargo, tras recursos legales, fue absuelto de esos cargos. Ahora, con esta nueva sentencia, se reconoce su responsabilidad en la desaparición, aunque la ausencia de pruebas físicas sigue siendo un obstáculo para cerrar el caso.
La resolución fue celebrada entre abrazos y consignas por familiares y colectivos, que mantienen viva la esperanza de encontrar a Paulina y a su bebé. Este caso, que ha durado más de una década, refleja la complejidad y lentitud del sistema judicial en México, donde la justicia a veces llega tarde y sin respuestas completas.
Mientras tanto, la lucha por la verdad continúa, con la familia y la sociedad civil como principales impulsores para que no se olvide a Paulina Camargo ni a su hijo. En un país donde la seguridad y el respeto a la vida siguen siendo temas pendientes, esta sentencia es un recordatorio de que la justicia, aunque imperfecta, puede abrir caminos para la memoria y la reparación.
