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La verdad sobre las camisetas del Mundial: ¿explotación o oportunidad para artesanas nahuas?

Este martes 9 de junio de 2026, The New York Times publicó un reportaje que pone en perspectiva la polémica en torno a las camisetas bordadas a mano por mujeres nahuas de Naupan para la selección mexicana en el Mundial.

La historia comenzó con una idea que parecía perfecta: Someone Somewhere, una empresa mexicana, propuso que las artesanas indígenas bordaran las camisetas oficiales, buscando conectar tradición y modernidad, y al mismo tiempo ofrecer un ingreso digno a comunidades vulnerables. Adidas se sumó al proyecto y, tras dos años de trabajo, presentaron las camisetas bordadas por 150 mujeres nahuas en Naupan, un pueblo a más de 1500 metros de altura en el centro de México.

Las piezas, que se vendieron rápidamente a más de 200 dólares cada una, incluso llevaron a algunas artesanas a Alemania y a la cancha en un partido amistoso previo al Mundial. Sin embargo, la historia dio un giro cuando activistas como Luz Valdez denunciaron explotación: pagas miserables, imposición de técnicas modernas y lucro empresarial a costa de las artesanas.

Pero, ¿qué dicen las protagonistas? El equipo periodístico viajó el 31 de mayo a Naupan para escuchar directamente a las mujeres nahuas. En un taller donde más de 25 artesanas bordaban las camisetas, la opinión fue clara y unánime:

– El trabajo es mejor que cualquier otra opción local.
– Los horarios son flexibles y se puede trabajar a ritmo propio.
– La remuneración es justa y, en algunos casos, con bonos por eficiencia.
– Temen que la polémica aleje futuras oportunidades laborales.

Mónica Marín, de 45 años, resumió: “La verdad, es mucho mejor este trabajo que cualquier otro”. Edith Carballo, de 38 años, criticó a los influencers que, con buenas intenciones, han generado un daño colateral: “En sus mentes están ayudándonos, pero se están ayudando ellas”.

Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere, confirmó que las artesanas reciben salarios superiores a los 36 pesos por hora (2,06 dólares), con bonos adicionales, y mostró nóminas para respaldar esta información, aunque respetó la petición de las mujeres de no divulgar cifras exactas para evitar riesgos en la comunidad.

Este caso pone en evidencia la complejidad de las narrativas sobre trabajo artesanal y comercio justo en México. Mientras algunos medios y activistas se enfocan en denunciar posibles abusos, las propias artesanas defienden su trabajo y las condiciones que les ha permitido salir adelante.

En un país donde la informalidad y la falta de oportunidades son la norma, proyectos como este, que combinan tradición y mercado global, pueden ser una vía para fortalecer la economía local sin caer en paternalismos ni intervenciones estatales excesivas.

Y mientras Naupan borda su historia, el debate sigue abierto: ¿cómo equilibrar la defensa de derechos con la promoción de iniciativas que realmente empoderan a las comunidades?

Una lección para quienes buscan soluciones reales y no solo titulares virales.

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