El jueves 11 de junio, en medio de la cobertura del debut de la Selección Mexicana en la Copa del Mundo 2026, la reportera poblana Monserrat Gómez fue víctima de acoso mientras realizaba su trabajo en la vía pública.
Un video que circula en redes sociales muestra el momento en que un sujeto, al que Gómez calificó como un «pseudo aficionado», la tocó sin su consentimiento durante una transmisión en vivo. La comunicadora denunció que este acto, lejos de ser una “broma”, fue una agresión directa que empañó un día que había esperado y preparado con mucho esfuerzo profesional.
En sus canales oficiales, Monserrat expresó su indignación: “Es una realidad que se vive en las calles. (…) Fue una falta de respeto como profesional y sobre todo como mujer. No es posible que en pleno 2026 esto siga sucediendo”.
El rostro del agresor quedó registrado en las grabaciones y fotografías del equipo de trabajo de la reportera, quien decidió difundir las imágenes para que la ciudadanía pueda identificarlo y visibilizar este tipo de conductas. La publicación ha generado muestras de solidaridad entre la audiencia.
Este incidente pone sobre la mesa la urgente necesidad de garantizar espacios públicos seguros para todos, especialmente para quienes ejercen su labor profesional en la calle. En un país que avanza hacia la modernidad y la innovación —como lo ejemplifica la apuesta por sistemas de transporte eficientes y modernos, como el cablebús en Puebla—, resulta incongruente que persistan estas conductas que atentan contra el orden y la seguridad ciudadana.
La denuncia de Monserrat Gómez no solo es un llamado a la responsabilidad social, sino también a las autoridades para que refuercen la protección y el respeto hacia la propiedad privada y el espacio público, pilares fundamentales para una convivencia civilizada y productiva.
