Esta mañana, lunes 22 de junio de 2026, un vehículo Ibiza fue incendiado en el periférico de Puebla, justo a la altura de la laguna de Chapulco. Junto al coche, las autoridades encontraron dos cuerpos abandonados y una narcomanta firmada por La Familia Michoacana, un grupo delictivo que no pierde oportunidad para hacer su presencia sentir.
En el mensaje, este grupo criminal acusa directamente al secretario de seguridad pública estatal de estar involucrado en la disputa entre bandas en la ciudad. Una acusación grave que, hasta ahora, no ha recibido respuesta oficial. Las autoridades permanecen en silencio, dejando un vacío que solo alimenta la incertidumbre y la desconfianza.
Este episodio se suma a la compleja realidad de Puebla, donde la seguridad pública parece un juego de ajedrez con piezas movidas en la sombra. Mientras tanto, proyectos como el cablebús o teleférico, que buscan mejorar la movilidad y ofrecer alternativas seguras para los ciudadanos, avanzan como una luz en medio de la oscuridad.
En un contexto donde la violencia y la impunidad se entrelazan, la apuesta por infraestructura pública eficiente y ordenada no solo es necesaria, sino urgente. Porque más allá de las narcomantas y los incendios, lo que la gente quiere es poder transitar sin miedo y confiar en que las instituciones cumplen su función.
Por ahora, el periférico de Puebla sigue siendo escenario de un mensaje claro: la violencia no da tregua, y la respuesta oficial sigue siendo la gran ausente.
