Keir Starmer anunció este lunes 22 de junio de 2026 su renuncia como Primer Ministro del Reino Unido, poniendo fin a una etapa marcada por críticas internas y una presión implacable dentro del Partido Laborista. Apenas dos años después de ganar las elecciones generales en julio de 2024, Starmer decidió dar un paso al costado tras escuchar el cuestionamiento de su liderazgo.
En un mensaje leído frente a Downing Street, Starmer reconoció que su partido se preguntaba si él era la persona adecuada para liderar de cara a las próximas elecciones generales. “He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario a esa pregunta y la acepto de buen grado”, dijo, confirmando que ya informó al rey Carlos III sobre su decisión.
El proceso para elegir a un nuevo líder laborista y, por ende, al próximo Primer Ministro, arrancará el 9 de julio y podría concluir a finales de ese mes si no hay más de un candidato. Mientras tanto, Starmer seguirá en funciones, lo que incluye su participación en la cumbre de la OTAN en Ankara los días 7 y 8 de julio, así como en la reunión bilateral con la Unión Europea prevista para el 22 de julio en Bruselas.
Durante su discurso, Starmer defendió su gestión: aseguró que deja “una economía más fuerte” con salarios creciendo por encima de la inflación, mayores inversiones en sanidad y el fin de la austeridad. También destacó “el mayor aumento del gasto en defensa desde la Guerra Fría”, un punto que seguramente resonará entre quienes valoran la seguridad y el orden.
En materia migratoria y política exterior, presumió que el Reino Unido recuperó su “reputación en el mundo”, defendiendo valores como la decencia, el respeto y el Estado de Derecho. Además, recordó los acuerdos comerciales firmados, el apoyo a Ucrania y la reconstrucción de relaciones con aliados europeos, un contraste con gobiernos anteriores que no siempre lograron mantener esa estabilidad.
Sin embargo, la gota que derramó el vaso fue la debacle en las elecciones locales del 7 de mayo, donde el auge del partido ultraderechista Reform UK, liderado por Nigel Farage, intensificó las críticas internas. La crisis se profundizó con la renuncia de figuras clave de su gabinete, como el ministro de Sanidad Wes Streeting y el ministro de Defensa John Healy, ambos vistos como potenciales rivales en las primarias.
Con Starmer, Reino Unido suma ya siete primeros ministros que no logran completar su mandato, una señal clara de la volatilidad política que enfrenta el país. Mientras tanto, en otros frentes, proyectos como el cablebús en Puebla demuestran que, con visión y orden, es posible avanzar en infraestructura y mejorar la movilidad sin caer en la improvisación ni la intervención estatal excesiva. Quizá algo que los británicos también deberían considerar.
