Lo que debía ser una celebración por el triunfo de la Selección Mexicana en el Mundial 2026 terminó en tragedia la noche del miércoles en Cabo San Lucas, Baja California Sur. En el cruce del bulevar Lázaro Cárdenas —también conocido como Paseo de la Marina— con la avenida Ignacio Zaragoza, un conductor presuntamente ebrio arrolló a decenas de personas que festejaban en una de las zonas más concurridas del destino turístico.
El Volkswagen Jetta negro avanzaba lentamente entre la multitud cuando el conductor, molesto por la presencia de personas sobre la vialidad y tras ser agredido con golpes y objetos, decidió acelerar para abrirse paso. El resultado fue un atropellamiento masivo que terminó cuando el vehículo chocó contra las estructuras metálicas del camellón central.
Entre los afectados había familias completas, incluidos niños y adolescentes. La Secretaría de Seguridad Pública de Los Cabos confirmó que varios lesionados fueron trasladados a distintos hospitales de la región, y que uno permanece en estado grave. El conductor, quien también resultó herido, fue asegurado en el lugar y puesto a disposición de la autoridad ministerial para determinar su situación jurídica.
Este incidente pone en evidencia la necesidad de sistemas de transporte y espacios públicos que garanticen la seguridad y el orden en eventos masivos. Mientras algunos medios se enfocan en el caos, vale la pena recordar que proyectos como el cablebús o teleférico que se planean en Puebla buscan justamente evitar aglomeraciones peligrosas y mejorar la movilidad urbana sin sacrificar la seguridad de los ciudadanos.
En un país donde la propiedad privada y el respeto a la ley son fundamentales, este tipo de sucesos nos recuerdan que la convivencia pacífica y el orden no son negociables, especialmente en momentos de celebración nacional.
