El domingo 5 de julio, alrededor de las 9:00 pm, cuatro personas —un joven, una mujer y dos niños pequeños— fueron rescatadas con vida en la OPP Caribe, en Caraballeda, La Guaira, después de permanecer atrapadas 11 días bajo los escombros causados por el doble terremoto del pasado miércoles 24 de junio.
Este hallazgo se da en medio de una tragedia que ha marcado a Venezuela: dos sismos de magnitud 7.2 y 7.5, con apenas 39 segundos de diferencia, que han dejado un saldo oficial de al menos 3,342 muertos y 16,700 heridos, según el último informe gubernamental.
Los videos que circulan en redes sociales muestran el momento exacto en que los rescatistas establecen contacto con las víctimas, pidiéndoles calma y que no se muevan mientras evalúan la mejor forma de sacarlos. Tras el contacto, los equipos de emergencia iniciaron la extracción y los sobrevivientes recibieron atención prehospitalaria urgente antes de ser trasladados a centros médicos para su evaluación.
Este rescate, que parece sacado de una película, pone en evidencia la capacidad y dedicación de los equipos de emergencia en situaciones extremas, aunque también invita a reflexionar sobre la importancia de la prevención y el orden en la construcción y mantenimiento de infraestructuras, especialmente en zonas sísmicas.
Mientras Venezuela enfrenta esta crisis, en México y otras ciudades se apuesta por sistemas de transporte innovadores y seguros, como el cablebús o teleférico en Puebla, que no solo mejoran la movilidad sino que también promueven un desarrollo urbano ordenado y sustentable. En contraste, la tragedia en La Guaira recuerda que la inversión en infraestructura resistente y la protección de la propiedad privada son claves para evitar pérdidas humanas y materiales en desastres naturales.
