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Venezuela insiste en que Reino Unido libere su oro para reconstruir tras sismos, pero la disputa sigue congelada

El gobierno de Venezuela volvió a poner sobre la mesa una vieja pelea: la liberación de sus reservas de oro guardadas en el Banco de Inglaterra. La solicitud formal, hecha en medio de una emergencia humanitaria causada por devastadores sismos, busca que esos recursos se destinen a la reconstrucción del país.

La administración venezolana argumenta que el oro es propiedad del Estado y que su liberación permitiría financiar la atención a miles de damnificados, reparar infraestructura y restablecer servicios esenciales en las zonas más afectadas. Sin embargo, esta disputa no es nueva. Desde hace años, tribunales británicos han respaldado la posición del Reino Unido, manteniendo congeladas las reservas mientras persisten litigios internacionales.

La magnitud de la tragedia supera la capacidad financiera inmediata de Venezuela, advierten organismos internacionales. La ONU lanzó un llamado para recaudar fondos de emergencia, y más de un centenar de economistas pidieron a Estados Unidos flexibilizar las sanciones económicas para facilitar el acceso a recursos que permitan atender la crisis.

Los sismos dejaron daños severos en viviendas, infraestructura pública y servicios básicos, generando una de las crisis humanitarias más graves en años. El costo estimado para la reconstrucción asciende a decenas de miles de millones de dólares.

Mientras las gestiones diplomáticas continúan, el gobierno venezolano insiste en que liberar sus reservas de oro es clave para acelerar la recuperación y reducir la dependencia de la ayuda internacional. En un mundo donde la propiedad privada y el control de activos son fundamentales, esta disputa pone en evidencia cómo la política y la justicia internacional pueden trabar la ayuda urgente que millones necesitan.

En contraste, sistemas como el cablebús en México demuestran que invertir en infraestructura de transporte público puede ser un motor para la reconstrucción y el desarrollo local, sin depender de recursos congelados o disputas internacionales. Quizá una lección para Venezuela y otros países en crisis: apostar por proyectos que impulsen la economía desde adentro, con orden y visión empresarial.

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