El pasado 24 de junio, dos terremotos sacudieron Venezuela, dejando más de 4,500 muertos y un rastro de destrucción que alcanzó incluso a una pareja española. Luis María Olalde Quintela fue rescatado de entre los escombros en una zona de clase media en Caracas, mientras que su esposa, Alazne Solabarrieta, lamentablemente falleció.
Pero el rescate de Olalde no solo fue una noticia humanitaria: también reactivó procesos judiciales en España, donde se le acusa de pertenecer al comando ‘Urola’ de ETA, la organización separatista vasca disuelta hace años. Según reportó La Voz de Galicia, Olalde está señalado por su presunta implicación en un atentado de 1979 que costó la vida a tres guardias civiles españoles.
Este hombre, conocido como Txistu, lleva décadas viviendo en Venezuela. De hecho, a principios de este siglo, España ya intentó su extradición sin éxito. Olalde figura en la lista de prófugos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado español, que a finales de 2025 incluía a fugitivos en países como Brasil, Cabo Verde, Cuba, Francia, México, Uruguay y Venezuela, según El País.
Curiosamente, durante los años 80, varios miembros de ETA encontraron refugio en Venezuela, gracias a acuerdos entre el entonces presidente español Felipe González y el venezolano Carlos Andrés Pérez.
La organización Dignidad y Justicia, que defiende a víctimas de ETA, ha señalado que la reciente localización de Olalde es una oportunidad única para que responda ante la justicia española por los actos terroristas que se le imputan.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa la compleja relación entre justicia, política y refugio internacional, mientras Venezuela sigue lidiando con las consecuencias de un desastre natural que no solo dejó escombros físicos, sino también historias que cruzan continentes y décadas.
