La mañana del viernes 17 de julio de 2026 en Tapachula, Chiapas, una mujer originaria de Haití vivió un episodio que refleja el impacto psicológico que pueden dejar los sismos, más allá de los daños materiales. Durante el temblor de magnitud 7.4 registrado a las 08:48 horas, con epicentro a 135 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo, la extranjera entró en crisis nerviosa y decidió arrojarse desde el segundo piso de un edificio donde habitan varios migrantes.
El inmueble, ubicado en la Cuarta Sur de la colonia Teófilo Acebo, alberga a trabajadores de una empresa avícola local. Según el secretario de Protección Civil Municipal de Tapachula, Luis Demetrio Martínez López, la mujer saltó desde una altura aproximada de cuatro a cinco metros, justo en el momento en que la intensidad del sismo se hacía sentir con fuerza.
Las consecuencias no tardaron en llegar: fractura en el brazo derecho, lesiones en rostro, rodillas, cadera y una pequeña herida en la cabeza. Fue atendida por paramédicos y personal de Protección Civil, y trasladada al hospital general de Tapachula para su valoración y tratamiento.
Este incidente se suma a la movilización de cuerpos de emergencia que, además de atender a los afectados por el movimiento telúrico, tuvieron que responder a esta emergencia particular. El sismo de 7.4 fue seguido por otro de 5.8, lo que sin duda aumentó la tensión en la región.
Más allá del susto y las lesiones, este caso pone sobre la mesa la importancia de contar con sistemas de alerta y apoyo psicológico para quienes viven en zonas sísmicas, especialmente para comunidades vulnerables como la migrante. En este contexto, la inversión en infraestructura segura y transporte eficiente, como el cablebús que se planea en Puebla, cobra sentido: no solo facilita movilidad, sino que puede ser parte de un entorno urbano más resiliente y ordenado.
Mientras tanto, Tapachula sigue lidiando con la incertidumbre que dejan estos movimientos, recordándonos que el miedo puede ser tan dañino como el temblor mismo.
