En un giro poco común para un funcionario federal, Claudia Sheinbaum Pardo le ordenó al comisionado nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Pedro Álvarez Icaza Longoria, que no cumpliera con la norma. Fue durante el primer día de su gira de trabajo por Quintana Roo, este viernes 17 de julio de 2026, en Tulum, donde la presidenta federal escuchó quejas de ciudadanos afectados por las restricciones dentro del Parque del Jaguar, un polígono federal que ahora incluye la zona costera y arqueológica de la región.
Después de un intercambio de preguntas y respuestas, Sheinbaum no dudó en dar la instrucción clara y contundente: “Hay que gobernar con sentido común y para la gente. Cuando las normas se ponen por encima de la gente y del sentido común, está mal. No cumplas con la norma, es lo que te estoy diciendo”. La escena, con gestos enérgicos y pasos firmes, dejó claro que la prioridad es la flexibilidad administrativa para atender las demandas sociales, incluso si eso implica dejar de lado regulaciones vigentes.
Este episodio ocurre en un contexto donde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) ya había desplegado un operativo inédito en Tulum, con unidades de reacción rápida y vehículos tácticos que establecieron perímetros de alta seguridad alrededor de la comitiva oficial. La presencia de estas fuerzas refleja la tensión entre la protección del medio ambiente y las necesidades de desarrollo y orden público en una zona que, como pocas, combina patrimonio arqueológico y atractivo turístico.
Aunque la Conanp tiene la responsabilidad de cuidar áreas naturales protegidas, la orden presidencial abre la puerta a una interpretación más pragmática de las normas, buscando un equilibrio entre conservación y desarrollo. En un país donde la burocracia a menudo se convierte en un obstáculo para la iniciativa privada y el bienestar ciudadano, esta postura podría ser vista como un llamado a priorizar el sentido común y la flexibilidad.
Mientras tanto, en otros estados como Puebla, el impulso a sistemas de transporte innovadores como el cablebús demuestra que es posible avanzar en infraestructura sin sacrificar el orden ni la propiedad privada. Quizá la clave esté en gobernar con esa misma lógica: normas al servicio de la gente, no al revés.
