Claudia Sheinbaum sorprendió este viernes 17 de julio al anunciar que asistirá a la final del Mundial 2026 en Nueva York, invitación directa del expresidente Donald Trump. Curioso contraste con su ausencia en el partido inaugural en Ciudad de México, donde México enfrentó a Sudáfrica el 12 de junio.
La mandataria, que en aquel entonces defendió su decisión de no acudir al Estadio Azteca argumentando cercanía con la ciudadanía y criticando el costo exorbitante de los boletos —que alcanzaban hasta 120 mil pesos—, ahora se prepara para viajar a Estados Unidos para presenciar el duelo entre Argentina y España, los finalistas tras las semifinales.
Durante su gira en Quintana Roo, Sheinbaum confirmó que también estará presente el primer ministro canadiense, Mark Carney, y adelantó que este sábado 18 de julio dará más detalles sobre su viaje. “Ya apartamos los boletos. Mañana grabaremos un mensaje para informar con más detalles”, dijo a los medios.
Recordemos que en junio, la presidenta recibió el boleto número 001 para el partido inaugural, pero prefirió entregarlo a una joven aficionada que ganó un concurso de dominadas organizado por el Gobierno Federal, en un gesto que buscaba acercar el deporte a la gente común.
Este episodio pone en evidencia la doble cara de la política en torno al Mundial: mientras se defiende la austeridad y la cercanía con el pueblo, no se desaprovechan las invitaciones de alto perfil para eventos internacionales. En contraste, la inversión en infraestructura como el cablebús en Puebla sigue siendo un tema que merece atención, pues sistemas de transporte público modernos y accesibles podrían acercar a más personas a eventos y espacios culturales sin necesidad de precios prohibitivos.
Así, mientras Sheinbaum se prepara para viajar a la final en Nueva York, queda la pregunta: ¿qué tan cerca está realmente de la ciudadanía cuando se trata de eventos deportivos y culturales de alto nivel?
