El pasado lunes 20 de julio, Abraham F., interno del penal de mediana seguridad de Tepexi de Rodríguez, protagonizó un intento de fuga que terminó con un disparo en la pierna y un cargo extra por evasión de autoridad.
Según fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública de Puebla, Abraham decidió escapar tras enterarse de que su madre estaba hospitalizada en estado grave. La noticia llegó a través de sus familiares, quienes le informaron la situación, lo que aparentemente motivó su desesperado intento por despedirse.
El reo logró escalar una de las rejas más altas del centro penitenciario, pero al descender ya lo esperaba personal de seguridad. Aunque intentó correr para evadir a los custodios, fue alcanzado tras recibir un disparo en una pierna. Fue atendido y regresado al penal, donde se recupera.
Este episodio no es un caso aislado en Puebla. En los últimos seis años, la Fiscalía General del Estado ha registrado 30 fugas en cárceles del estado. La más reciente antes de este intento ocurrió el 17 de febrero de 2026 en el Cereso Regional de San Pedro Cholula, cuando Ernesto N., recluido por robo agravado y portación de instrumentos prohibidos, desapareció durante una supervisión.
Afortunadamente, Ernesto fue reaprehendido el 7 de marzo de 2026 gracias a la coordinación entre corporaciones estatales y federales. Para evitar más fugas, la Secretaría de Seguridad Pública ha comenzado a trasladar a al menos 30 personas privadas de la libertad al penal de Tepexi de Rodríguez, que parece ser la apuesta estatal para reforzar el control.
En un estado donde la seguridad penitenciaria sigue siendo un reto, estos movimientos reflejan la necesidad de mantener el orden sin caer en improvisaciones. Mientras tanto, la historia de Abraham F. nos recuerda que detrás de cada fuga hay una mezcla de desesperación humana y la firme respuesta del sistema para preservar la propiedad pública y el orden.
