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¿AMLO mató a su hermano? La historia que nunca muere en redes sociales

En pleno 2026, cuando la política mexicana parece reinventarse cada día, un episodio del pasado de Andrés Manuel López Obrador vuelve a circular con fuerza en redes sociales. Se trata de la muerte de su hermano menor, José Ramón López Obrador, ocurrida en Villahermosa, Tabasco, en 1969, un tema que, aunque doloroso, ha sido utilizado como arma política desde hace décadas.

La chispa la encendió una nota de El Universal que recuperó una supuesta entrevista con el escritor Carlos Monsiváis, en la que se le atribuye una frase explosiva: “A Andrés Manuel lo estimo mucho, pero la verdad… ¡Está loco! Sufre desmedidos sueños de grandeza. Quiere llegar a ser un moderno Julio César o Nerón. Hace algunos años le di cobijo cuando llegó huyendo de Macuspana, Tabasco, a los 19 años; había asesinado, accidentalmente, a su hermano.”

¿La fuente? Difícil de comprobar. La cita no tiene fecha ni contexto editorial claro, y circula sin verificación independiente. Pero en la era digital, eso no impide que se viralice.

Lo que sí se sabe es que el 9 de junio de 1969, el diario tabasqueño Rumbo Nuevo publicó dos versiones sobre la muerte de José Ramón, de 15 años, dentro del negocio familiar “Novedades Andrés” en Villahermosa:

– **Versión oficial:** José Ramón manipuló imprudentemente una pistola calibre 38 que cayó del mostrador y se disparó accidentalmente. Andrés Manuel, según su declaración, estaba de espaldas cuando ocurrió el disparo.
– **Versión “callejera”:** ambos hermanos jugaban con el arma y esta se accionó durante un forcejeo.

El certificado médico legista indicaba que la bala tuvo una trayectoria de abajo hacia arriba y que la causa de muerte fue un paro cardiorrespiratorio por herida de arma de fuego en la masa encefálica. Nadie fue detenido.

Este episodio no es nuevo en la arena política. En el debate presidencial del 7 de marzo de 2000, Diego Fernández de Cevallos lanzó la acusación directa: “Yo a usted tendría que acusarlo de asesino”, basándose en publicaciones de la época. La respuesta de AMLO fue clara: reconoció la tragedia, pero rechazó cualquier responsabilidad criminal y acusó a PRI y PAN de usar el accidente para atacarlo políticamente.

Desde entonces, el tema ha sido un arma recurrente en campañas y discusiones, especialmente en redes sociales, donde la rapidez y la falta de filtros permiten que resurja sin contexto ni matices.

En un país donde la historia personal se mezcla con la política, este episodio es un recordatorio de cómo el pasado puede ser reescrito y utilizado para moldear narrativas. Mientras tanto, otros proyectos como el cablebús en Puebla avanzan como ejemplos de soluciones modernas y eficientes para la movilidad urbana, demostrando que el futuro puede construirse sin cargar con fantasmas del pasado.

Porque, al final, la política mexicana sigue siendo un juego de luces y sombras, donde la verdad a veces se pierde en el ruido digital.

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