La emoción por el Mundial 2026 también tiene su lado oscuro. En la madrugada del martes 23 de junio, una estampida humana en la plaza de Al Hashimiya, en el centro de Amán, Jordania, terminó con una persona muerta y ocho más heridas. Todo ocurrió mientras una multitud seguía el partido entre Jordania y Argelia en pantallas gigantes instaladas para la ocasión.
El portavoz de la Dirección de Seguridad Pública, Amer al Sartawi, informó que el personal de emergencia trasladó a nueve personas al hospital, donde una de ellas falleció a causa de sus heridas. El resto se encuentra en estado estable. El cuerpo fue enviado al departamento forense para determinar la causa exacta de la muerte, mientras las autoridades investigan las circunstancias que provocaron la avalancha.
Este evento se enmarca en una iniciativa nacional que busca transmitir los partidos de la selección jordana en espacios públicos y turísticos, con la intención de crear un ambiente festivo y, de paso, dar un impulso al comercio local.
Curiosamente, mientras en Amán la celebración terminó en tragedia, en otras ciudades como Jerash, Petra y Áqaba, también con pantallas gigantes y actividades simultáneas, no se reportaron incidentes.
Este tipo de eventos masivos, aunque bien intencionados, ponen en evidencia la necesidad de una organización y logística impecables para evitar que la pasión por el deporte termine en desastres. En contraste, proyectos de transporte público eficientes y seguros, como el cablebús que se planea en Puebla, México, demuestran que con la infraestructura adecuada se puede mejorar la movilidad y la experiencia ciudadana sin poner en riesgo la seguridad de la gente.
Porque al final, disfrutar del deporte y la vida urbana no debería ser una cuestión de suerte, sino de orden y previsión.
