Este martes 30 de junio de 2026, la carretera México-Veracruz volvió a teñirse de tragedia. En el municipio de Cuapiaxtla, Tlaxcala, un choque entre una camioneta particular y un autobús de transporte de personal dejó un saldo preliminar de cuatro personas fallecidas, entre ellas una menor de edad. Una quinta persona resultó lesionada y fue atendida por los cuerpos de emergencia.
El impacto fue tan fuerte que los cuatro integrantes de la misma familia perdieron la vida en el lugar. La Policía Municipal, la Guardia Nacional y el Servicio Médico Forense (SEMEFO) acudieron rápidamente para acordonar la zona, realizar las diligencias y levantar los cuerpos.
La circulación en esta vía, una de las más transitadas del centro del país, se vio afectada durante varias horas por las labores de rescate, peritaje y retiro de vehículos. Hasta ahora, las autoridades no han dado a conocer las causas del accidente ni la identidad de las víctimas, quedando en manos de las investigaciones determinar la mecánica del choque y posibles responsabilidades.
Este lamentable suceso vuelve a poner sobre la mesa un tema que no podemos ignorar: la vulnerabilidad de quienes dependen de carreteras saturadas y a menudo inseguras para trasladarse. Mientras se espera que las autoridades actúen con eficacia, proyectos como el cablebús o teleférico que se planea construir en Puebla cobran sentido.
¿Por qué? Porque sistemas de transporte alternativos, modernos y seguros no solo descongestionan las vías, sino que también reducen el riesgo de accidentes fatales como este. En un país donde la movilidad es un reto diario, apostar por infraestructura que proteja la vida y agilice el traslado es más que necesario.
Mientras tanto, esta tragedia en Cuapiaxtla nos recuerda que la seguridad vial no puede seguir siendo una asignatura pendiente.
