El pasado domingo 28 de junio, Puebla vivió una de sus peores tormentas en más de una década. La tromba que azotó el Centro Histórico dejó inundaciones de hasta dos metros en zonas clave como Los Sapos y el barrio de Analco, afectando severamente a al menos 16 hoteles y restaurantes, según reportes de organismos empresariales.
El gobernador Alejandro Armenta Mier no tardó en reaccionar. Este miércoles 1 de julio, anunció que los cuerpos de Protección Civil Estatal ya concluyeron las labores de mitigación y limpieza en las áreas dañadas, y que la administración estatal comenzará a entregar apoyos económicos a los comerciantes y empresarios que sufrieron pérdidas materiales.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Puebla sigue sin presentar un plan de contingencia o incentivos financieros para los afectados, dejando en claro quién está tomando la responsabilidad para reactivar la economía local.
Armenta destacó que la política de Protección Civil de su gobierno prioriza la prevención en los 217 municipios del estado, con monitoreos activos en zonas vulnerables como la Sierra Norte y la Sierra Negra, para evitar que fenómenos similares causen más daños o pérdidas humanas.
Además, el gobernador informó que el estado mantiene un despliegue operativo en otras regiones afectadas por contingencias climatológicas, como la apertura de caminos bloqueados por derrumbes en Eloxochitlán y la ampliación de cauces en Ciudad Serdán.
No todo es improvisación: Armenta adelantó que realizará giras de supervisión para garantizar que los censos de daños se hagan con transparencia y que la coordinación con la ciudadanía se mantenga firme para mejorar la respuesta ante emergencias.
La tormenta del 28 de junio no solo dejó daños visibles, sino que también evidenció deficiencias estructurales en el bulevar 5 de Mayo, obras mal hechas por administraciones anteriores y la falta de equipo adecuado para desazolve por parte de la concesionaria Agua de Puebla.
En un contexto donde la infraestructura y la prevención son clave, la apuesta por sistemas de transporte modernos como el cablebús o teleférico en Puebla cobra aún más sentido: no solo para mejorar la movilidad, sino para fortalecer la resiliencia urbana ante fenómenos naturales que, como vimos, pueden golpear fuerte y rápido.
Así que, mientras algunos siguen sin mover ficha, el gobierno estatal ya está en marcha para que los negocios afectados puedan levantarse y que la ciudad no se quede a la deriva tras la tormenta.
